Entrevista a la vista con Anabel Gonzalez -¿Qué hay de bueno en tener un mal día?

Anabel Gonzalez es Psiquiatra, entrenadora acreditada de EMDR y autora de varias publicaciones y libros.

Gracias por estar aquí Anabel, primero de todo me gustaría que te presentaras de forma distinta y que para ello nos contaras algo que te guste hacer en tu día a día.

Mi momento es el café, sobre todo el de media mañana, ese pequeño ratito de parar.

¿Qué te llevó a divulgar sobre el trauma y la regulación emocional?

Mi primera aproximación al trauma fue con la formación en EMDR. Después de trabajar sobre otras perspectivas, empezar a mirar con esas gafas me ayudó a ver cosas que estaban ante mí, pero que me habían pasado desapercibidas. Lo de la regulación emocional surgió más de la investigación, y de una revisión de la investigación reciente en esta área, en la que hay aportaciones muy interesantes.

Mi primer libro de divulgación no nació con intención de serlo, sino como un intento de organizar el material psicoeducativo con el que trabajaba en los grupos de pacientes del Programa de Trauma y Disociación. Conforme lo iba elaborando, el texto fue cogiendo forma, y finalmente decidí publicarlo. Luego una cosa llevó a la otra.

Uno de los libros que has escrito se titula: Lo bueno de tener un mal día, ¿Qué hay de bueno en tener un mal día?

Ponía el otro día en Instagram una frase de Goethe: “el talento se educa en la calma, el carácter se educa en la tempestad”. En los malos momentos aprendemos a gestionar el malestar, en los buenos momentos desarrollamos nuestra creatividad y nuestra sociabilidad. Ambas cosas son importantes, pero manejar el malestar es vital, porque tiene más que ver con nuestra supervivencia. Sentimos malestar precisamente porque nos ayuda a sobrevivir: sin miedo no escaparíamos del peligro, por ejemplo. Gestionar el malestar es gestionar la vida, que viene con ello incluido.

¿Por qué solemos bloquear algunas emociones o desbordarnos con otras?

Creo que la respuesta es más individual que general, y tiene que ver con nuestro temperamento, nuestra sensibilidad y la intensidad con la que sentimos las emociones, pero también en gran medida con cómo las personas con las que crecimos reaccionaron ante nuestro malestar y ante el suyo propio. En función de esa “historia emocional” desarrollamos modelos internos que luego pueden acompañarnos toda la vida.

¿Observas diferencias de género en la consulta en cuanto a la gestión de emociones se refiere?

Típicamente las mujeres se manejan mejor a nivel emocional, también porque culturalmente en ellas se ha propiciado y se ha penalizado más en los hombres. Iremos viendo qué cambios se producen en las próximas generaciones, que ya no se han criado con el “los hombres no lloran”.

¿Qué podemos hacer para empezar a tener consciencia de nuestras emociones y poder atenderlas?

Si entendemos más sobre lo emocional, probablemente nos fijaremos en más matices, pero un elemento clave es observar las sensaciones del cuerpo, no solo cuando notamos molestias, sino a un nivel más cotidiano. Si todos los días nos parásemos un minuto a observar lo que notamos por dentro, se producirían cambios.

¿Cómo podemos saber si hemos padecido un trauma? En ocasiones como mecanismo de protección el cerebro bloquea el recuerdo de una experiencia traumática.

Es cierto, muchas veces lo que notamos son las consecuencias. A partir de una etapa de nuestra vida, cambiamos y no precisamente para bien. Tenemos menos interés en las cosas y en la gente, estamos acelerados y a veces agotados, apartamos todo lo que nos recuerde determinadas experiencias diciéndonos que “hay que pasar página”. Otras veces ni siquiera lo asociamos a un momento. Solo vemos problemas que se repiten: nos encontramos en la misma situación en las relaciones, con sensaciones parecidas, tenemos problemas físicos sin una causa clara… Todo ello pueden ser señales indirectas de que hemos de pararnos a entender mejor nuestro mundo emocional.

¿Cómo puede afectar el estrés, la ansiedad y el ritmo de vida que llevamos actualmente muchas de nosotras a la gestión de una experiencia traumática y a la regulación emocional?

Las emociones necesitan tiempo para ser procesadas, y si queremos ir más rápido lo que hacemos en realidad es saltar por encima. Esto es acumulativo, y si es nuestra forma de funcionar habitual, en un momento dado todo esto puede hacer que nos bloqueemos por completo. Hay algunas cosas sobre nuestro ritmo de vida que no decidimos, pero otras son opcionales. La pandemia nos ha hecho parar en seco, y una de las cosas que nos ha enseñado es el valor del tiempo. Quizás salgamos con ganas de hacer muchas cosas, pero puede que hayamos aprendido a dejar de hacer algunas otras.

¿Podemos sanar nuestras heridas?

Las heridas emocionales también cicatrizan, y si no dejamos que les de el aire y no las cuidamos, también pueden infectarse y ser heridas abiertas que siguen doliendo. Muchas veces las damos por incurables y nos centramos en anestesiarlas, como si fuera nuestra única opción. No lo es. Tenemos muchas herramientas terapéuticas para trabajar sobre experiencias traumáticas que no hemos podido resolver, de eso precisamente trata mi último libro, “Las cicatrices no duelen”.

¿Eres optimista en cuanto al procesamiento emocional de las futuras generaciones?

Las personas en el futuro se sabrán mejor la teoría, seguro, porque cada vez tenemos más conocimientos sobre cómo funcionan las emociones. Pero la verdadera escuela emocional son las relaciones. No se predecir, la verdad, cómo evolucionaremos en este sentido, ni siquiera se si tiene sentido que nos lo planteemos. Creo que las sociedades están siempre en constante evolución, y que lo haremos también en este sentido.

Muchas gracias,

Laura Albó.

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En los más de 6 años dedicándome al desarrollo de la Psicoterapia me he dado cuenta que desde bien pequeña me interesé por la conducta alimentaria deseando descubrir qué se escondía en la otra cara de la moneda. La conducta alimentaria me parece fascinante, amo mi profesión y no me canso de aprender con lo que la formación y actualización son mi máxima.

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