Descubre qué relación guarda la belleza con el patriarcado y el capitalismo

La belleza es un constructo social, es decir, nace fruto de la construcción social. En esta construcción de la belleza encontramos la industria de la belleza como actriz principal. Esta industria atenta contra la salud física y mental atacando directamente contra nuestra autoestima.

Cuando hablo de autoestima me refiero a la imagen que tenemos de nosotros y nosotras mismas. Los pensamientos y sentimientos dirigidos hacia nuestra forma de ser y nuestras capacidades y habilidades. Es la evaluación que hacemos de nosotros y nosotras mismas. Esta evaluación afecta a nuestra valía personal y no depende de lo que los otros piensen de ti, sino de lo que pensamos nosotras mismas.

A la industria de la belleza le interesa que no tengamos una buena relación con nosotras mismas y con nuestro cuerpo porqué cuanta más insatisfacción corporal y menos autoestima tengamos, más sensibles nos volvemos a los mensajes que nos lanzan a través de los medios de comunicación.

Vamos a hacer un ejercicio, imaginémonos por un momento viviendo en una sociedad donde todo el mundo tiene una buena autoestima y se siente satisfecho y a gusto con su cuerpo. La industria de la belleza no subsistiría.

Por tanto, construimos una relación con la belleza basada en la presión sobre nuestro cuerpo para encajar en el ideal de belleza actual que lleva a muchas mujeres a atentar contra su cuerpo y su salud con el objetivo de ser más delgadas, atractivas, deseables, etc.

Vale la pena recordar que el canon de belleza ha ido cambiando a lo largo de la historia y varía según la cultura. Hoy en día, encontramos un ideal de belleza eurocéntrico, de piel blanca, pelo liso, curvas, cuerpo delgado, etc. Este canon traspasa fronteras encontrado en Asia numerosas operaciones estéticas para alcanzar tener unos ojos más redondos cuando su naturaleza es tenerlos rasgados. O aclarándose la piel con productos corrosivos en América latina y África.

En definitiva, intentamos cambiar nuestro cuerpo a cualquier precio. Y esta es la razón por la cual la dieta es un mercado que mueve millones de euros al año.

Las dietas guardan mucha relación con la industria de la belleza debido a que cuando nos comparamos con el ideal de belleza actual y vemos que no encajamos, nos esforzamos para conseguirlo a toda costa. Es en este momento cuando nos venden las dietas como nuestras aliadas para conseguir llegar a ese ideal, que a su vez es irreal. Son muy pocas las personas dotadas de una genética que las hace similares al ideal de belleza actual.

Es un camino en el cual la frustración está asegurada al igual que los problemas con la alimentación. Todas las personas que no encajan en el ideal de belleza actual son automáticamente marginadas y aisladas del sistema, sufriendo bullyng, críticas, bromas sobre su físico, comentarios gordofóbicos y sintiendo mucha vergüenza. Podemos decir entonces que la industria de la belleza fomenta la gordofobia.

De esta forma aprendemos que estar delgada = algo bueno y estar gorda = algo malo. Esta es una regla que hemos aprendido y que como tal nos ayuda a organizar nuestro mundo interior pero no la podemos sacar del contexto que nos envuelve y la sociedad en la cual vivimos.

Esta regla está lejos de la realidad en la cual encontramos la salud en cualquier talla y en cualquier cuerpo. Además de ser una forma muy reduccionista de referirnos a nuestro cuerpo, centrada en el peso, los kg, las kcal y el índice de masa corporal, sin tener en cuento otros parámetros indicadores de salud, como la salud mental, la autoestima, las relaciones personales, entre otras. Y sin tener en cuenta que el concepto de salud es cambiante y depende de múltiples factores, no solamente del número de la balanza.

Como decía, la industria de la belleza nos vende las dietas como la solución a nuestros problemas. Pero, ¿qué significa hacer dieta? La dieta no es más que una forma de relacionarnos con el alimento basada en normas externas que nos llevan a desconectar de nuestras necesidades físicas y emocionales basada en la vergüenza y la culpa.

Hacer dietas es clasificar los alimentos igual que hacemos con el cuerpo, entre alimentos buenos y malos y automáticamente creamos dos listas: la de alimentos prohibidos y la de alimentos permitidos. De esta forma nos sentiremos bien si comemos aquello que nos permitimos y mal si por el contrario, comemos aquello que nos prohibimos.

Y es de esta forma cuando aquello que nos han vendido como solución a nuestros problemas: las dietas; son la causa de ellos. ¿Porqué son las dietas las causantes de múltiples problemas?

Porque gracias a múltiples estudios científicos sabemos las graves consecuencias para la salud que conllevan las dietas. El hecho de prohibirnos alimentos hace que tengamos más necesidad de consumirlos porqué al restringir nos volvemos emocionalmente más sensibles a aquellos alimentos prohibidos. Prohibirnos nos llevará a comer de forma más descontrolada o incluso llevarnos a hacer atracones, comer compulsivo o desarrollar un trastorno de la alimentación.

¿Cómo podemos hacerlo para relacionarnos de una forma más satisfactoria con nuestra alimentación y desprendernos de la mentalidad dieta?

Todas y todos al nacer gozamos de una buena relación con nuestro cuerpo y alimentación.  Imagínate a un bebé, ¿cómo lo hace para pedir comida? ¿Y cómo avisa que ya ha comido suficiente?

Los bebés son muy conscientes de sus necesidades fisiológicas de hambre y saciedad y nos avisan con el llanto. Por lo tanto, de forma innata tenemos la habilidad de regularnos en base a las señales de hambre y saciedad que emite nuestro cuerpo.

Lo que suele pasar es que después de hacer una dieta o después de hacer varias a lo largo de la vida, acabamos desconectando y desregulándonos de nuestras señales de hambre y saciedad. Ya que con las dietas no se tiene en cuenta si tenemos hambre o no, sino que nos basamos en normas rígidas y poco flexibles para regular nuestra alimentación a la vez que vamos desconectando de las señales fisiológicas y emocionales.

En cuanto al cuerpo, es importante que entendamos que no hace falta que aceptemos o queramos a nuestro cuerpo para empezar a cuidarlo. Podemos cuidarnos a partir de ahora fijándonos en lo que nuestro cuerpo nos permite hacer y no en su forma o en aquellas partes que menos nos gustan.

Si nos resulta muy complicado hacerlo de esta forma podemos empezar por tener cura de nosotras mismas, por ejemplo, regalándonos un momento al día para tener cura de nosotras y de nuestras necesidades, dedicar-nos un momento al día para hacer aquello que más nos apetece.

Otro aspecto importante es que podamos ver cuales son las reglas internas que regulan nuestra alimentación y pensemos si las dietas que hemos hecho hasta ahora nos han ayudado a largo plazo y si las reglas internas en que basamos nuestra alimentación nos están ayudando o no a cuidarnos.

Lo anterior guarda especial atención a la prohibición de alimentos, es importante que empezamos a permitirnos comer aquello que nos gusta, al hacerlo veremos como la culpa desaparece y podemos disfrutar de aquello que estamos comiendo.

Si has llegado hasta aquí, me gustaría decirte que nunca es tarde. Nunca es tarde para tener una mejor relación con la alimentación, con el cuerpo y contigo misma. Si te sientes perdida o no sabes como resolverlo tu sola, pide ayuda a profesionales de la salud para que te acompañen en este proceso.

Quizás a partir de ahora, al darte cuenta de la relación que hay entre belleza, patriarcado y capitalismo, empiezas a darte cuenta cueles son los objetivos de este sistema. Y a partir de aquí puedes cuestionar el canon de belleza que nos venden a través de los medios de comunicación, los múltiples productos que salen a la venta antes de verano, las dietas rápidas que nos proponen y que atentan directamente contra nuestra salud o el dinero que les interesa ganar para poder subsistir.

No estás sola. No estás solo.

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En los más de 6 años dedicándome al desarrollo de la Psicoterapia me he dado cuenta que desde bien pequeña me interesé por la conducta alimentaria deseando descubrir qué se escondía en la otra cara de la moneda. La conducta alimentaria me parece fascinante, amo mi profesión y no me canso de aprender con lo que la formación y actualización son mi máxima.

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